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jueves, 25 de agosto de 2011

Adicto a tu luz


Poder besar tus labios es mi mayor Gloria

El mejor placer conseguido en mi historia

Un logro del que poder sentirme orgulloso

El observar en tu rostro tan hermoso

Esa sonrisa que me evoca tan gran felicidad

Y logra hacerme poder olvidar la maldad

Que achacaba a mi cabeza tan demente

Para hacerme sentir entonces de repente

Que el mundo me tiene tantas cosas que brindar

Como tu cuerpo que tanto anhelo acariciar

Y yo que creía que para mí no quedaba nada

Para encontrarte y descubrir que me equivocaba

Para poder pensar que había errado

Y poder dejar de lado a mi oscuro pasado

Y cambiarlo por este dulce presente

En el que con tu luz me cegaste la mente

Haciéndome incapaz entonces de razonar

Al sentirme lleno de deseos de poderte tomar

Hasta el punto de hacerme adicto a tu miel

A la fragancia de tu cuerpo y al tacto de tu piel

martes, 23 de agosto de 2011

Déjate llevar

Pequeña flor, grácil pájaro hasta ti acudo

Con estas rimas, con estas letras, con esta canción como escudo

Para decirte lo siguiente que vas a escuchar

Pues deberías dejarte llevar


Y mi intención no es nada más que hacerte ver

Que de estás palabras, sensaciones, nada has de temer

Simplemente desearía poder tender tu mano

Y hacerte sentir todo ese placer que se ofrece al ser humano


Y no es un lema barato lo que suena de mis labios

Simplemente un pequeño consejo de un sabio

Que para en esta vida si quieres disfrutar

Pues deberías dejarte llevar


Y lo que la juventud nos da con el tiempo se arrebatará

Y simplemente deseo ver una sonrisa, sin pizca de maldad

Que la vida marchita y es caprichosa, qué nos va a aguardar?

Deberías dejarte llevar

Dorada panacea


Tu sola presencia, tu cabello dorado

Me hace sentir que por fin he recuperado

Toda esa esperanza perdida

Librándome del dolor de cada acometida

Que el destino me brindó

Y que trate de olvidar en alcohol


Tu sola presencia es una panacea

Un bien tan preciado y que escasea

Y que no dejaría escapar

Convirtiéndote en mi última oportunidad

Para así poder por fin huir

A cualquier lugar, cualquier confín


A cualquier pliegue de la realidad

Compuesto por tu piel de azahar

Por tus besos dulces como el néctar

Y pensar que mi existencia al fin es perfecta

Que tengo oportunidad de poder redimir

Todos esos pecados que me llevaron hasta ti

miércoles, 10 de agosto de 2011

Hace tiempo que la esperanza abandoné


Hace tiempo que la esperanza abandoné, destino perdido

Y con desgana en la rutina

Llevo ese amargo veneno que me diste

El engangrenado chirlo


Ya no hay vuelta atrás y no puedo volver

Y mi anima insiste en querer partir

Hasta llegar a lo más profundo del Tártaro

Para quedarme allí


Y la tierra puede continuar girando

Que me da igual

Puede que acabes regresando

Qué más dará?


Y ni tus lagrimas ni tus suplicas

Me devolverá

He partido en busca de mi suerte

Y en este camino no hay vuelta atrás


En algún lugar quizá donde merecida

Mi figura a redimirse irá

Para recobrar aquello que tienes

Aquello que te atreviste a robar


A un lugar, quizá a unas tierras

Donde no hay ni luz ni oscuridad

Para darme eso anhelado

Para poder volver a amar

domingo, 9 de mayo de 2010

Hablando


Hablando con la locura no pude reprimirme preguntarla “¿es cierto todo lo que nos enseñas? ¿Es cierto que el hombre puede tocar las estrellas? ¿Puedo allí olvidar lo que me apena? ¿Puedes llevarme a algún lugar donde los sentimientos y la verdad es lo que impera?”

Mas la locura entre cada pregunta no podía evitar reírse al poder escuchar lo que dije. Me dirigí entonces al amor, con cierto temor y devoción me atreví a preguntar “¿Existe el amor sin dolor? ¿Es posible poder la adoración por otro ser humano sin que este a cambio te olvide y separe de mi lado?” Pero el amor reflexionaba en silencio las palabras con las que en un intento necio por comprender cuál podría ser el precio a lo que yo decía.

Entonces miré a la fe, una reconfortante sonrisa en su rostro los pies me hizo mover, acercándome a ella me dispuse como antes a proceder “Entonces, dime fe ¿qué podría hacerme tirar la toalla? siempre pase lo que pase y vaya donde vaya repito mis errores, dónde estaba la razón dominante llegan los sentimientos y ganan la batalla, cómo puedo evitarlo?”

Pero esas palabras no parecieron inmutarla, pude notarlo al ver como sonreía mientras me observaba como si fuera un pelele, quizá para esta una miserable y desagradecida rata. Por lo que me dispuse a acercarse a la desidia, moviendo un asiento y sentándome a su lado en una silla. “Dime, es posible dejarse abandonar a la vida cómo aquel que ahogado de sus penas se tira al mar?” Pero desidia hizo gala a su nombre, quedándose sin hacer nada, quizá porque no me entendía o quizá por desgana. “Cómo ganar esta batalla que llamamos vida, cómo podría evitar esos pensamientos dignos de un suicida?”.

Mi mirada se volvió a la ira, llenándome de ese sentimiento para golpear la mesa con toda la furia y fuerza de mi vida, gritándola: “Es que acaso no hay lugar para el perdón? Dónde puedo pues encontrar esa perdida, pérfida y maldita salvación?” Pues a medida que más la miraba la cólera y furia en mi corazón iba ganando la batalla, el sentimiento de redención fue tornándose en oscura amargura que colmaba mi corazón hasta que mis labios tomó finalmente la esperanza.

Labios finos y cálidos, mirada felina y penetrante que derritió mi pecho no cándido… una voz dura y la vez fina que calmaba cual morfina mi respiración y las pulsaciones de mi corazón… una llamada a la templanza, quizá a la salvación… por fin mi alma alcanzó la paz con vos. Una vaga posibilidad que válgame Dios, tan atenta y bella… me derrite como si yo fuera de cera. Al final, de una vez por todas… llego el amor… dejando de lado mi locura, colmando mi fe, abandonando la desidia y la ira que me llenaba de rencor… llegaste tú, por fin pude ver finalmente la luz. Cegándome y con miedo de quedarme de nuevo en la oscuridad que tanto tiempo he tardado en poder abandonar… temiendo que como una polilla esta relación se pueda consumir y quemar, no lo digas jamás, por favor… no digas que un día esto pueda acabar, que de mi persona te puedas cansar… ya que se trata de la peor de las torturas que puedo soportar, un mayor dolor del que te puedas imaginar (tanto tú como yo)… engáñame, miénteme… dime que lo nuestro no terminará… jamás.

miércoles, 28 de abril de 2010

Hablando a la esperanza


Hablando con la locura no pude reprimirme preguntarla “¿es cierto todo lo que nos enseñas? ¿Es cierto que el hombre puede tocar las estrellas? ¿Puedo allí olvidar lo que me apena? ¿Puedes llevarme a algún lugar donde los sentimientos y la verdad es lo que impera?”

Mas la locura entre cada pregunta no podía evitar reírse al poder escuchar lo que dije. Me dirigí entonces al amor, con cierto temor y devoción me atreví a preguntar “¿Existe el amor sin dolor? ¿Es posible poder la adoración por otro ser humano sin que este a cambio te olvide y separe de mi lado?” Pero el amor reflexionaba en silencio las palabras con las que en un intento necio por comprender cuál podría ser el precio a lo que yo decía.

Entonces miré a la fe, una reconfortante sonrisa en su rostro los pies me hizo mover, acercándome a ella me dispuse como antes a proceder “Entonces, dime fe ¿qué podría hacerme tirar la toalla? siempre pase lo que pase y vaya donde vaya repito mis errores, dónde estaba la razón dominante llegan los sentimientos y ganan la batalla, cómo puedo evitarlo?”

Pero esas palabras no parecieron inmutarla, pude notarlo al ver como sonreía mientras me observaba como si fuera un pelele, quizá para esta una miserable y desagradecida rata. Por lo que me dispuse a acercarse a la desidia, moviendo un asiento y sentándome a su lado en una silla. “Dime, es posible dejarse abandonar a la vida cómo aquel que ahogado de sus penas se tira al mar?” Pero desidia hizo gala a su nombre, quedándose sin hacer nada, quizá porque no me entendía o quizá por desgana. “Cómo ganar esta batalla que llamamos vida, cómo podría evitar esos pensamientos dignos de un suicida?”.

Mi mirada se volvió a la ira, llenándome de ese sentimiento para golpear la mesa con toda la furia y fuerza de mi vida, gritándola: “Es que acaso no hay lugar para el perdón? Dónde puedo pues encontrar esa perdida, pérfida y maldita salvación?” Pues a medida que más la miraba la cólera y furia en mi corazón iba ganando la batalla, el sentimiento de redención fue tornándose en oscura amargura que colmaba mi corazón hasta que mis labios tomó finalmente la esperanza.

Labios finos y cálidos, mirada felina y penetrante que derritió mi pecho no cándido… una voz dura y la vez fina que calmaba cual morfina mi respiración y las pulsaciones de mi corazón… una llamada a la templanza, quizá a la salvación… por fin mi alma alcanzó la paz con vos. Una vaga posibilidad que válgame Dios, tan atenta y bella… me derrite como si yo fuera de cera. Al final, de una vez por todas… llego el amor… dejando de lado mi locura, colmando mi fe, abandonando la desidia y la ira que me llenaba de rencor… llegaste tú, por fin pude ver finalmente la luz. Cegándome y con miedo de quedarme de nuevo en la oscuridad que tanto tiempo he tardado en poder abandonar… temiendo que como una polilla esta relación se pueda consumir y quemar, no lo digas jamás, por favor… no digas que un día esto pueda acabar, que de mi persona te puedas cansar… ya que se trata de la peor de las torturas que puedo soportar, un mayor dolor del que te puedas imaginar (tanto tú como yo)… engáñame, miénteme… dime que lo nuestro no terminará… jamás.